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Trabajos de la excavación en el Moncayo. Foto cedida por Diario de Teruel

Un fósil del Moncayo sirve para ilustrar la vida hace 500 millones de años

La Fundación Dinópolis premia un artículo de divulgación sobre la huella que dejó un pequeño animal de 2 centímetros hallado en Purujosa

El último libro publicado por la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis, dentro de la colección ¡Fundamental!, tiene como protagonista un fósil hallado en el Moncayo, en concreto, en su cara meridonal, en Purujosa, informa el Diario de Teruel.

El libro divulgativo, galardonado como el mejor artículo científico con el Premio Paleonturología de 2013, trata de un equinodermo de hace 510 millones de años, ha sido publicado por la Fundación Dinópolis y su lectura permite adentrarse en el periodo cámbrico, una era geológica en la que existían modos de vida diferentes, más primitivos, y anterior a la división de los continentes que actualmente conocemos.

El artículo científico original fue escrito por Samuel Zamora junto con otros dos autores, Imran A. Rahman, y Andrew Smith, si bien la versión divulgativa ha corrido a cargo del propio Zamora, que actualmente tiene un contrato Ramón y Cajal adscrito al Museo Geominero del Instituto Geológico y Minero de España (IGME) con oficina en Zaragoza.

El equinodermo sobre el que trata la publicación es un fósil cuyo nombre, Ctenoimbricata, es conocido ya en todo el mundo dentro de la comunidad científica.

Con la colección ¡Fundamental!, la Fundación Dinópolis publica los trabajos ganadores del premio Paleonturología: con ello, sus autores tienen que esforzarse en conseguir llegar a los lectores mediante una narración comprensible y unas ilustraciones que permitan visualizar aquello de lo que se está hablando.

 

Un mundo pasado

Es lo que ha logrado Samuel Zamora con la última publicación, cuyo título, 'El ancestro bilateral de los equinodermos pentarradiados', aborda un viaje a hace más de 500 millones de años.

Tenían que pasar todavía cientos de millones de años para que apareciesen sobre la Tierra los dinosaurios, y la disposición de los continentes nada tenía que ver con la actual: lo que hoy es Europa estaba unida a África y Sudamérica, que formaban un solo continente. No había casquetes polares, por lo que el nivel del mar era superior al actual, y el clima era bastante suave.

Las formas de vida, según cuenta Zamora en el libro, tampoco tenían nada que ver con la actuales, aunque descendemos de ellas, a pesar de que la mayor parte de los animales se concentraban en los mares. El fósil hallado en el Moncayo corresponde a un pequeño animal de solo 2 centímetros, antepasado de las actuales estrellas de mar.

La historia de Ctenoimbricata, de su hallazgo y de su investigación, sirve para comprender cómo el cámbrico (entre hace 541 y 485 millones de años) fue un periodo fascinante en la historia de la vida, y de qué manera los equinodermos actuales como las estrellas de mar o los erizos, que son pentarradiales (formados por cinco partes idénticas que se repiten alrededor de un eje central), en sus orígenes no lo fueron porque eran bilaterales, es decir, como los humanos, cuyos cuerpos están formados por dos partes iguales.